viernes, 8 de diciembre de 2017

YAJAIRA - POST TENEBRAS LUX

Remitirse a un disco comentando algo relacionado con su nombre es, por lo bajo, un ejercicio poco profesional y cuestionable. Decir, por ejemplo, que “el nombre equis de la banda tal, evidencia el camino por donde van sus canciones” parece un encabezado de cualquier cosa. 

Hubo un año, no obstante, en que una frase de ese calibre sí que pudo haberse utilizado y es más, daba cuenta de un fenómeno real en el rock chileno: que un elepé hiciera honor a su nombre. Y es que en 2002, Yajaira sacaba a las calles el que para muchos era su mejor trabajo a la fecha, “La ira de Dios”, cuya música estaba directamente relacionada con el nombre de ese registro.

Mucho ha pasado desde esa época. El grupo se desbandó cuando alcanzó una década de vida (2005), se reunió tras un lustro y desde entonces, ha estado girando y macerando su potencial. Ciertamente, la experiencia reunida entre Sam (Samuel Maquieira –guitarra) y Comegato (Miguel Ángel Montenegro – bajo y voz), acompañados de Pin Pon (Christian MacDonald – batería) hacen que la máquina de Yajaira suene mejor que nunca, sobre todo por el tiempo en que el trío viene tocando, ya sea juntos o por separado.

Esa característica se manifiesta plenamente en “Post Tenebras Lux”, el flamante nuevo trabajo del trío. El juicio unánime es que Yajaira está sonando mejor que nunca en las nueve canciones que componen su registro 2017 y esto es plena responsabilidad de los músicos y su experiencia. Sin embargo, el mérito de Jack Endino y Pablo Giadach en la producción también es más que destacable: ambos, por separado, construyeron un ideal sonoro uniforme y preciso para desatar toda la potencia que tiene el grupo. De hecho, uno de los grandes logros de este trabajo es que jamás se percibe que sean dos los productores, lo que habla de una idea de sonido más que clara a la hora de elaborar a este registro.

Ya sea en las rockeras ‘Fin de los tiempos modernos’ o en ‘Ojos sin expresión’ –quizás el tema más acelerado en la historia de Yajaira– como en las más cercanas al stoner en el que tanto gusta encasillar a la banda, citando a ‘Lejos del sol’ y ‘Atormentándonos’, la ejecución del grupo está a la par con grandes exponentes internacional que fusionan el rock de viejo cuño con elementos de la psicodelia y mucho fuzz. Aunque sus grandes momentos no se hallan en la individualización de esos sonidos.

Precisamente, la trilogía que cierra el esfuerzo de Sam, Comegato y Pin Pon –‘Hijos de la noche’, ‘Serpientes de papel’ y ‘Post Tenebras Lux’– muestra el rango al que puede llegar Yajaira y, más importante aún, la expansión de un sonido que pese a que se construye con la base de un trío, parece no tener fin. Y eso, justamente, es lo que va desencadenándose en este disco: un viaje en el que la banda llega a un punto de inflexión en el que crecer parece sólo un hecho de la causa. Así de orgánico es este nuevo esfuerzo de Yajaira.


Por Felipe Kraljevich M.

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